Es una obra viva que nace en 2016 como metáfora y símbolo para atravesar el duelo traumático por la muerte de Elvira Gutiérrez, mi primera maestra, persona significativa y a la que por aquel entonces le coloqué el papel de «madre sustituta». Falleció en verano, a las puertas de cerrar el Ciclo Superior y comenzar Supervisión. Recibí la noticia esperando en la cola del tren, «¿cómo continuar ahora el viaje?», me dijo el cuerpo.

Sin entenderlo entonces porque era muy joven para asimilarlo, la muerte de Elvira en un accidente de tráfico también despertó en mí heridas y la experiencia de trauma de un accidente en moto que me sobrevino 6 años antes y en el que casi pierdo la vida. Situaciones de abuso y violencias también latían dentro; aún no podía ver el daño en el vínculo.

Encerrada en casa sola con mi gatita, ciega, congelada y anestesiándome del dolor con sustancias de las que me hice dependiente, vi encima de la mesa una tirita, y aún ahora mientras escribo, siento ese ardor silencioso abriéndose camino en mi corazón. Las tiritas y la poesía se convirtieron en mi instrumento para expresar el dolor. Brotaban tiritas y poemas en el lugar de las lágrimas.

Me obsesioné. Busqué qué marca de tiritas se ajustaba a mi tacto, e investigué rotuladores con los que, al escribir en la tirita, sintiera ligereza. Buscaba, sin saberlo, un acuerdo entre mi piel y mi corazón. Me pasé años escribiendo tiritas y pegándolas por la calle; las guardaba en mi bolsillo. Las primeras las coloqué en el canalón que estaba cerca del centro donde celebrábamos los encuentros de la Formación de Arteterapia y Terapia Gestalt. Días antes me afeité la cabeza después de estar casi 13 años con rastas.

Recuerdo viajar hasta Yegen, un pequeño pueblo situado en las montañas de Las Alpujarras, lugar donde Elvira creó su refugio; fui allí para pegar tiritas por sus calles y encontrarme con ella. Gracias a quienes, de una manera u otra, me ayudaron a hacer posible aquel viaje.

A día de hoy, de vez en cuando, continúo escribiendo tiritas. A día de hoy algo en mi corazón sonríe «porque tirita, el corazón tirita».