Tatiana Antoni Conesa

Te siento muy cerca y te echo de menos. Pediste que al dedicarte unas palabras de despedida, estas fueran directas a ti y en presente. Quienes estamos escribiendo esto lo estamos haciendo, no sé si muy conscientemente. Lo que sí sé, es que estos escritos no me parecen una despedida, me parecen más bien un saludo, un acercarnos a ti, a nuestro duelo y entre nosotres. También es un pequeño reconocimiento a tu gran entrega y a tu aportación al mundo del acompañamiento. Gracias por todo. Lo que has hecho ha sido más que suficiente, ha sido mucho. Estas en todas partes. Te quiero.

Luís Carbajal Pérez

Te fuiste un sábado de marzo, cuando la naturaleza empezaba a despertar de su letargo, y nos dejaste a todos con un «¡ay!» en el corazón.

Tu corazón dejó de latir, aunque ahora late en otros muchos corazones que tuvimos la suerte de conocerte y de ser parte de tu gran familia.

Marcelo, has sido el ancla y el faro para muchos de nosotros. Tu gran pasión por el saber, y tu gran capacidad de visión y de escucha, han sido fundamentales para que muchos pudiéramos desarrollar nuestra profesionalidad en el campo de la psicoterapia y en el ámbito de la relación de ayuda.

Has sido terapeuta de terapeutas, maestro de maestros y, fundamentalmente, luz para el camino de muchos.

Tu partida no es en vano. Has dejado un estilo de vida y de forma de trabajar que, cual mancha de aceite, se seguirá extendiendo en el mundo de la terapia.

Gracias, gracias, gracias, Marcelo, por tus enseñanzas, por tus libros, por tu amistad, tu gran corazón y tu mirada limpia y acogedora. La vida sin ti no será lo mismo. Quienes tuvimos la suerte de conocerte sabemos que algo muy bello se ha ido. Pero también sabemos que nos has dejado mucho con lo que poder seguir nuestro camino. Un abrazo grande donde estés, hermano del alma.

Jordi Gil Martín

Querido Marcelo:

Me pasaré la vida hablando de ti a clientes, amigos o a cualquier persona que necesite un poco de luz, será mi forma de rendir tributo a las tantas semillas que nos diste. En la vida hay fuentes de sabiduría, amor y confianza, tú fuiste un manantial.

Tu sabiduría tenía muchos dones, talentos y bendiciones. Es difícil describir a un emperador de la ayuda, un sabio de nuestros tiempos a la altura de cualquiera de los grandes, y a la vez un niño con el que podías jugar a simplemente ser inocente y ser fascinado por una brizna de hierba.

Tu capacidad de validar y de decir sí a la experiencia de la persona, de poder acoger el sufrimiento de la persona sin juzgarlo, sin añadir ni quitar nada, de no manipularla ni condicionarla, de no penalizar a nadie por su imperfección, tu humana forma de acercarte a lo humano, sigue siendo un espejo de muchos y una praxis imborrable.

Sin ti la vida se me hace más insegura y, asimismo, me diste la certeza de que la luz y la bondad ganarán.

Nunca existirá otro Marcelo Antoni Lobo, ojalá me equivoque, nuestra gratitud contigo es seguir tu legado. Esta será mi lucha y sé que la de muchos.

Decías que la vida nos mueve y conmueve y, así, tu muerte nos mueve y conmueve a seguir tu camino. Sigues brillando.

Quim Gómez i Tarrés

Marcelo, tu forma de ser te ha acompañado y ha sido un regalo para nosotros, tanto en lo personal como en lo profesional. Tu humildad, tu corazón, permitió que muchos pudieran ser reconocidos al ser acompañados al transitar sus heridas. Eras un hombre disponible para ayudar cuando fuera necesario, hacer acompañamientos, como supervisor, cuando nos sentíamos ahogados. Impregnaste una forma de ser terapeuta que traspasó a tu persona, y siempre por voluntad propia en segundo plano, lo cual hace que tu luz, tu estrella, brille en muchos de nosotros. Nos hemos quedado huérfanos de tu ser físico, y nos sentimos nutridos de todo lo que nos mostraste y que ahora te transciende.