La expansión de conciencia producida por la ayahuasca nos ayuda a ver con mucha más profundidad como se forma esa realidad intersubjetiva entre dos o más personas y todo lo que ocurre en ese campo cocreado. Toda esa información y vivencia queda grabada en nuestro psiquismo y nos ayuda a percibir con otra amplitud en el estado ordinario de conciencia y en la relación con nuestros pacientes.

Objetividad, subjetividad e intersubjetividad

La percepción de la realidad está influida por un conjunto de factores, como son los sentidos, las creencias aprendidas acerca de la realidad, la cultura y la especie, que en última instancia hacen que la percepción de cada persona sea única, por lo que toda experiencia de la realidad es subjetiva. Así, si yo estoy viendo una taza de color naranja y se la muestro a otro me dirá que sí que es naranja, aunque no podemos saber lo que el otro está viendo en su cerebro y si es el mismo color que estoy viendo yo.

En el mundo occidental hay una tendencia a buscar la objetividad de una manera demasiado racional y finalmente ficticia que nos lleva a un acercamiento más mental y mecanizado en las relaciones humanas, y por tanto en las terapéuticas. De este modo, perdemos de vista la humanidad de las personas y nuestras relaciones van siendo más autómatas y con menos de corazón. Esto nos lleva a una vivencia de aislamiento y de soledad cada vez más presente en la sociedad desarrollada.

La objetividad puede entenderse como un horizonte al que nos aproximamos a través de la apertura de los sentidos: cuando vemos con mayor precisión, escuchamos con más profundidad o percibimos con mayor nitidez las variaciones del campo sensible. Sin embargo, mientras no podamos acceder a la totalidad de lo real, toda percepción será necesariamente parcial y, por lo tanto, subjetiva. Desde esta perspectiva, el observador no es neutral: participa en lo observado y lo modifica, lo que impide sostener la idea de una objetividad absoluta.

Este límite de la percepción ordinaria es uno de los motivos por los que algunas personas se acercan a experiencias con ayahuasca, con la expectativa de ampliar sus capacidades perceptivas más allá de lo habitual. La búsqueda no se orienta únicamente a la vivencia en sí, sino al acceso a una comprensión más amplia de la propia experiencia y a la posibilidad de encontrar respuestas que ayuden a resolver conflictos personales desde un registro distinto al cotidiano.

De manera instintiva sabemos que, yendo más allá de los límites conocidos de la mente ordinaria, existe una respuesta a nuestros cuestionamientos. Sin embargo, sí existen las subjetividades compartidas, y esto da lugar a la intersubjetividad. Es decir, la intersubjetividad sería esa realidad subjetiva compartida entre dos o más personas o, si ampliamos el espectro más allá de lo humano, entre dos o más seres.

Así, en Occidente compartimos una intersubjetividad según la cual algo es creíble si está avalado por la razón, mientras que en Oriente, o en las culturas más chamánicas, se considera creíble aquello que tiene sentido desde la magia. Cada cultura posee su propia intersubjetividad.

Lo más enriquecedor sería poder dar cabida a las distintas miradas. Cuanto más podamos ver y respetar cada uno de los enfoques, más libres seremos para penetrar en el universo del otro y desarrollar un campo con menos fricciones y menos limitante.

En el chamanismo de los Andes existen los llamados códigos andinos, según los cuales se rige su espiritualidad. Uno de ellos es el código Anya, que expresa precisamente esto: «Yo tengo mi verdad, que expreso y vivo conforme a ella, y tú tienes tu verdad, y yo la respeto y no trato de imponerte la mía. Todas las verdades individuales son parciales, y uniendo todas ellas llegamos a la verdad completa».

El campo

El campo que nos interpenetra y nos rodea es difícil de percibir, porque siempre está ahí y no nos fijamos en él. Es como si viviésemos dentro del mar y estuviésemos tan acostum-
brados a sentir el agua que ya no nos diésemos cuenta de su existencia.

Pero cuando uno entra en el estado ampliado de conciencia producido por la ayahuasca, el campo nos demuestra que el ser humano no puede vivir separado de su ambiente y que cuando nos empeñamos en generar demasiada independencia, caminamos en contra del flujo de la vida.

En algunos grupos indígenas del Amazonas, que todavía viven en comunidad, cuando uno se enferma, todos toman ayahuasca juntos, porque consideran que la enfermedad no es algo que le pertenece a uno solo, sino que es algo que se ha generado por todos y todos tienen que curarse para que realmente desaparezca ese síntoma. Es decir, la enfermedad aparece en un campo cocreado por todos.

He observado en las ceremonias que cuando hay, por ejemplo, una persona con una depresión severa, todo el grupo colabora en la curación de esta persona limpiando y liberando los aspectos depresivos que haya en cada uno de ellos. Por lo tanto, cada uno está trabajando sus asuntos y, a la vez, todos contribuyen a la purificación de esa persona y todos salen liberados. Esto no es una dinámica voluntaria, sino que es algo que se genera espontáneamente en el campo. Todos vamos en la misma barca y la liberación de uno es la liberación de todos. Así, se evidencia como el campo es algo que se crea por todos, como un canto al unísono, una forma de contagio que genera un espacio común. La vivencia es que el campo te toma y te posee, y moviliza dentro de cada uno diferentes aspectos que tienden a evolucionar hacia un estado de conciencia más elevado. Esta elevación se va produciendo, o bien por la purificación de los tóxicos que se expulsan a través de todos los fluidos que salen del cuerpo, o bien por los insight, o por el desbloqueo físico, etc., que hacen que todo el campo vaya sintonizándose en una vibración más elevada que impregna a todos los miembros del grupo. Es decir, se evidencia que el campo generado en un grupo, que tiene como propósito alguna forma de crecimiento personal, tiende al movimiento y a la elevación de la energía. Conforme se va elevando la energía, las personas se van encontrando con sus propios bloqueos, que les impiden el libre fluir de la misma, y los van liberando, por ejemplo, a través del vómito, para que su cuerpo se abra y así poder sostener la energía amorosa que se va generando. Así, se puede experimentar con claridad lo que la mayoría de las tradiciones espirituales enseñan; que todos somos uno, a la vez que existe una presencia individual.

En el trance de ayahuasca se observa con claridad que el campo es algo vivo, no estático. En ese estado de concentración y de reposo en el campo, este va generando una danza de formas que se suceden, aflorando a veces como imágenes en la mente, o como sensaciones que brotan una detrás de otra en el cuerpo, o como sonidos, cantos que surgen de la nada, o como olores evocadores, sabores… Los sentidos van percibiendo las creaciones que van surgiendo en el campo. En este aspecto, el chamán es como el director de orquesta que, desde el estado de pura presencia, va permitiendo que el campo, que podríamos decir que es una energía inteligente, vaya fluyendo con su propia dinámica hacia la resolución de los conflictos y, cuando es necesario, lo modula en una u otra dirección. Para poder hacer esto es fundamental el desapego, tanto de lo que genera el paciente como de lo que genera el chamán, y así poderlo obsercar. Y, para ello, es necesario que el chamán abra dentro de sí suficiente espacio.

Es como si viviésemos dentro del mar.

Desde el chamanismo, se entiende el elemento espacio dentro de los cinco elementos como el vacío imprescindible para que se expresen los otros cuatro elementos (tierra, fuego, aire y agua), sin el cual no podría darse la toma de conciencia, porque uno está tan pegado a lo que se está manifestando que no lo puede ver con claridad. En este espacio vacío, la energía comienza a vibrar produciéndose las reverberaciones. Por ejemplo, si el chamán percibe que una persona está muy atascada en las tripas podría cantar una canción muy energética que le insufle una energía extra que le haga vomitar, o llorar o gritar y así expulsar el tóxico físico, emocional, mental o espiritual que no le está permitiendo elevarse.

Por lo general, la persona, en su estado de trance, puede ver en el vómito aquello que retenía y soltarlo, o tomar conciencia de dónde provienen esas emociones; quizá aparezcan recuerdos olvidados o se haga visible alguna actitud que le resulta dañina, etc. A partir de ello, la persona puede aprender a producir el cambio necesario para que ese bloqueo no vuelva a instalarse.

También puede observarse que el campo es único: un puro presente que evoluciona hacia algún lugar, y que, a su vez, está influido por el pasado y por el futuro.

La gran aportación de la ayahuasca a la psicoterapia consiste en permitir ver, con mayor nitidez y profundidad, aquello mismo que ocurre en el estado ordinario de conciencia entre el paciente o el grupo y el chamán, y que muchas veces no logramos percibir debido a la limitación de nuestros sentidos. Así, cuando se vive la experiencia de trance, queda grabada en la conciencia una sensibilidad hacia el campo que hace que, en el encuentro con el otro en la vida ordinaria, pueda percibirse con mayor finura y apertura.

El campo luminoso

En el chamanismo se considera que los seres vivos estamos rodeados de un campo de luz donde se encuentra toda la información de ese ser, más allá del tiempo y del espacio.

Es decir, en el ser humano toda la información relativa a nuestra existencia y, por consiguiente, todos los patrones o mecanismos con los que funcionamos, las creencias, las heridas que hemos sufrido, las enfermedades, los accidentes, el momento de la muerte, etc., están escritas dentro de nuestro campo luminoso.

Es por eso por lo que cuando uno está en su trance con ayahuasca puede acceder a recuerdos que estaban en el inconsciente o ver su futuro y, desde ahí, se puede tanto sanar y resignificar eventos traumáticos del pasado como modificar el futuro.

Por ejemplo, si uno en su trance ve su muerte en un accidente de coche, puede que en su visión vea también cómo evitarlo, sacando así de su campo luminoso ese acontecimiento. O bien, le pedirá al chamán que le haga una limpia. El chamán, invocando a sus aliados espirituales, limpiará de su energía esa marca para que eso no se produzca.

Representación del campo en el cuerpo físico e intervención en el campo

El terapeuta gestáltico, cuando está frente a su paciente o a su grupo, siente cosas en su cuerpo que ponen de manifiesto lo que está pasando más allá de las apariencias. Así, por ejemplo, puede darse cuenta de que algo se está atascando en el grupo porque, de repente, siente un tremendo peso en la espalda.

Desde ahí, el terapeuta puede explorar más profundamente lo que está ocurriendo e intervenir en la dirección de desbloquear. Por ejemplo, puede advertir que el grupo se ha quedado en un plano muy mental, que algunas emociones no están fluyendo, y podría proponer un trabajo corporal. En el trance de ayahuasca sucede algo similar, con el añadido de que la profundidad de la percepción del campo es mayor.

En algunos grupos indígenas de la Amazonia, cuando uno se enferma, todos toman ayahuasca juntos.

Así, el chamán puede sentir en su cuerpo una sensación, por ejemplo, de angustia, que observa y de la que se da cuenta de que no se ha generado dentro de él, pero que igualmente se permite sentir. Entonces, suele llegarle la imagen de la persona del grupo que está atrapada en esa angustia o, en su defecto, la zona de la sala donde esta se está generando. No hace falta pensar nada.

Desde el estado de presencia, la solución emerge por sí sola. Quizá aparezca una canción que ayude, o simplemente interviene de forma vibracional. Pero si, por algún motivo, el chamán se resiste a sentir esa angustia y no la deja evolucionar, la ayahuasca lo llevará a purificar: aparecerán náuseas, inquietud corporal, la sensación de verlo todo negro, etc., hasta que tome conciencia y resuelva su propio bloqueo.

Puesto que el campo es una realidad intersubjetiva, creada entre todos los presentes, el cambio de uno influye en el campo de todos. Con ello trabaja el chamán para ir dirigiendo la barca cuando es necesario intervenir, a veces descendiendo a los infiernos y otras elevándose al cielo, o favoreciendo la presencia en el vacío, con el propósito de que las personas se liberen.

Por otro lado, dentro del campo existe un componente energético a través del cual se produce la transformación más allá del plano mental, de las visiones o de las creencias.

Dado que la intersubjetividad también depende del grupo cultural al que pertenecen las personas, las visiones y percepciones que se dan durante el trance pueden ser muy diferentes ante un mismo hecho. Por ejemplo, ante un paciente que consulta por un estado de angustia que le dificulta respirar, que se siente atrapado y agobiado, el chamán puede visionar espíritus abusadores que buscan dominarlo y someterlo. Sin embargo, el paciente puede verse encerrado en una cueva de la que no puede salir y no creer en absoluto en la existencia de espíritus que lo perturben. No obstante, el chamán realiza la limpieza hasta espantar a esos espíritus que él percibe, y la persona se libera. Es decir, más allá de las formaciones mentales, dentro del campo existe un nivel vibracional que genera experiencia.

Así, cuando el campo se experimenta con gran profundidad, pueden darse fenómenos como la telepatía, en los que una persona escucha en su propia mente los mensajes de otros.

En la consulta individual esto también ocurre, aunque en otro nivel. En muchos momentos de la sesión, el terapeuta sabe con certeza lo que el paciente está pensando o va a decir, y esto se confirma en la conversación. Durante el trance, sin embargo, el chamán puede escuchar en ocasiones esos pensamientos con nitidez, como si estuvieran siendo dichos en voz alta.

En ambos casos se produce una fusión o una pérdida de límites, en la que se sabe dónde está el paciente. Para mí, el campo es esa energía amorosa que está en la base de todo y que, desde la conexión o la presencia en ella, permite que todo florezca. Así, tanto lo que está presente como lo que está oculto emana, fortaleciendo el vínculo y profundizando la sensación de contacto y revitalización.

En ese punto, la mente se aclara y se energetiza; todo se ve con mayor nitidez y cobra sentido. Del mismo modo, el cuerpo se siente más vivo, más flexible, más atlético, y las sensaciones tienden a ser más gozosas.

Otros campos

El terapeuta gestáltico, cuando está frente a su paciente o a su grupo, siente cosas en su cuerpo que ponen de manifiesto lo que está ocurriendo más allá de las apariencias. Así, por ejemplo, puede darse cuenta de que algo se está atascando en el grupo porque, de repente, siente un peso intenso en la espalda. Desde ahí, el terapeuta puede explorar con mayor profundidad lo que está sucediendo e intervenir en la dirección de desbloquear. Por ejemplo, puede advertir que el grupo se ha quedado en un plano excesivamente mental, que algunas emociones no están fluyendo, y proponer entonces un trabajo corporal.

El campo es esa energía amorosa que permite que todo florezca

En el trance de ayahuasca sucede algo similar, con el añadido de que la profundidad de la percepción del campo es mayor. Así, el chamán puede sentir en su cuerpo una sensación —por ejemplo, angustia— que observa y de la que se da cuenta de que no se ha generado dentro de él, pero que igualmente se permite sentir. Entonces, suele llegarle la imagen de la persona del grupo que está atrapada en esa angustia o, en su defecto, la zona de la sala donde esta se está generando. No hace falta pensar nada. Desde el estado de presencia, la solución emerge por sí sola. Quizá aparezca una canción que ayude, o simplemente interviene de forma vibracional.

Pero si, por algún motivo, el chamán se resiste a sentir esa angustia y no la deja evolucionar, la ayahuasca lo llevará a purificar: aparecerán náuseas, inquietud corporal, la sensación de verlo todo negro, etc., hasta que tome conciencia y resuelva su propio bloqueo.

Puesto que el campo es una realidad intersubjetiva, creada entre todos los presentes, el cambio de uno influye en el campo de todos. Con ello trabaja el chamán para ir dirigiendo la barca cuando es necesario intervenir, a veces descendiendo a los infiernos y otras elevándose al cielo, o favoreciendo la presencia en el vacío, con el propósito de que las personas se liberen.

Por otro lado, dentro del campo existe un componente energético a través del cual se produce la transformación más allá del plano mental, de las visiones o de las creencias.

Dado que la intersubjetividad también depende del grupo cultural al que pertenecen las personas, las visiones y percepciones que se dan durante el trance pueden ser muy diferentes ante un mismo hecho.Por ejemplo, ante un paciente que consulta por un estado de angustia que le dificulta respirar, que se siente atrapado y agobiado, el chamán puede visionar espíritus abusadores que buscan dominarlo y someterlo. Sin embargo, el paciente puede verse encerrado en una cueva de la que no puede salir y no creer en absoluto en la existencia de espíritus que lo perturben.

No obstante, el chamán realiza la limpieza hasta espantar a esos espíritus que él percibe, y la persona se libera. Es decir, más allá de las formaciones mentales, dentro del campo existe un nivel vibracional que genera experiencia. Así, cuando el campo se experimenta con gran profundidad, pueden darse fenómenos como la telepatía, en los que una persona escucha en su propia mente los mensajes de otros.

En la consulta individual esto también ocurre, aunque en otro nivel. En muchos momentos de la sesión, el terapeuta sabe con certeza lo que el paciente está pensando o va a decir, y esto se confirma en la conversación. Durante el trance, sin embargo, el chamán puede escuchar en ocasiones esos pensamientos con nitidez, como si estuvieran siendo dichos en voz alta. En ambos casos se produce una fusión o una pérdida de límites, en la que se sabe dónde está el paciente.

Para mí, el campo es esa energía amorosa que está en la base de todo y que, desde la conexión o la presencia en ella, permite que todo florezca. Así, tanto lo que está presente como lo que está oculto emana, fortaleciendo el vínculo y profundizando la sensación de contacto y revitalización. En ese punto, la mente se aclara y se energetiza; todo se ve con mayor nitidez y cobra sentido. Del mismo modo, el cuerpo se siente más vivo, más flexible, más atlético, y las sensaciones tienden a ser más gozosas. Desde la perspectiva chamánica, todos somos cocreadores de la realidad en tanto participamos de una esencia que se concibe como divina. Desde ahí, como expresión de esa esencia, doy vida a mi propia realidad y elijo vivir aquello que estoy viviendo, incluso cuando mi ego no logra percibirlo de ese modo. Esta posición implica asumir una responsabilidad plena sobre mí mismo. Y reconocer la capacidad de generar la realidad que deseo vivir.