La construcción del «nosotros»
Francisco Peñarrubia
Revisión de los conceptos «yo-tú» desde la teoría gestáltica, así como la construcción del concepto «nosotros» donde interactúan la conciencia crítica así como el sentido de pertenencia.
Hace más de veinte años que publiqué en esta revista nuestra un artículo titulado «Yo-Tú-Nosotros» (Boletín AETG. nº23. Madrid 2003) que era una reflexión sobre la educación comunitaria y el grupo y que a su vez actualizaba la conferencia de clausura que me tocó dar en el Congreso Nacional de Gestalt (Barcelona, octubre de 1998) con el mismo título.
Mi interés por este tema, y por esta formulación en particular, se inscribe en su continuidad con la divisa de Simkin («Yo-Tú, aquí y ahora») y en su énfasis en los componentes del encuentro. El foco se desplaza así hacia la relación entre los sujetos, que constituye el eje monográfico de este trabajo: la intersubjetividad.
La indagación del Yo, que es el motor original de la psicoterapia europea, trata de definir algo tan intangible, simbólico y casi ficticio como es la identidad y el autoconcepto. La idea que nos hemos hecho de nosotros mismos nos convierte en autores del propio relato, nos explica nuestra vida o al menos trata de encontrarle un sentido.
A nivel simbólico, ese autor (yo mismo) que se ocupa del relato podríamos relacionarlo con el aspecto masculino de nuestra psique.
Es decir, con la voz y las palabras con que uno se presenta ante los demás: «Yo soy éste, estos son mis poderes y ellos manifiestan y explican mis acciones y mi intervención en el mundo. Esto soy yo».
Toda la terapia arranca en este punto: la indagación sobre uno mismo, el conocimiento de los mecanismos inconscientes, de las zonas de sombra e ignorancia que provocan conflictos con el entorno y con nosotros mismos. Históricamente esta es la aportación esencial del Psicoanálisis, es decir, la intuición freudiana de que los impulsos gobiernan más profundamente nuestra vida que la razón. A la vez Freud propuso un método pionero, el análisis, para acceder a este territorio ignoto de la conciencia.
El Tú es la personificación del espejo, del espacio donde el Yo se refleja y se reconoce pero a través del otro, superando la endogamia de Narciso perpetuamente enamorado de sí y autohipnotizado.
Simbólicamente, podríamos decir que es el aspecto femenino de nuestra psique, relacionado con la receptividad, la empatía, la compasión y todos los recursos emocionales con los que reaccionamos a la diferencia y al cambio.
La conciencia del Tú es la base del contacto, de la interrelación, de la ampliación del territorio propio para acoger al nuevo y diverso, para afectar y ser afectado.
La indagación del Tú inaugura el psicodrama de Moreno, la primera terapia que incluye la acción, la dramatización, el cambio de roles y cualquier estratagema para ponerse en el lugar del otro, para aprender a ser Tú y en consecuencia completar la conciencia del Yo.

Este es también el territorio en el que mejor se mueve la Terapia Gestalt, uno de los métodos más eficaces y creativos para afinar el autoconocimiento a través de la interacción, el intercambio, la confrontación y la integración de opuestos.
En realidad, toda la psicoterapia humanista se sitúa en el ámbito de lo relacional y lo afectivo, aunque la Terapia Gestalt sea, probablemente, la que lleva esta concepción más lejos. La ortodoxia gestáltica sostiene que no hay Yo sin Tú ni Tú sin Yo: la autoconciencia emerge del contraste y del movimiento continuo entre la introspección, el mundo interno, y la contemplación, el mundo externo.
La indagación del Nosotros intenta profundizar en la antigua máxima gestáltica de que «el todo es más que la suma de las partes». Qué y cómo es ese todo que trasciende , revela y da sentido a las partes, no es fácil de explicar.
El concepto de grupo o grupalidad puede ser un referente clarificador. La psicoterapia de grupo es la que ha estudiado más rigurosamente los mecanismos individuales y las dinámicas colectivas que se dan en los grupos, y por ella sabemos que la construcción de un nosotros no ocurre mecánicamente por el hecho de agrupar personas. Lleva un tiempo (y no siempre se da) que emerja esa conciencia colectiva del Nosotros, que podríamos definir como una mezcla de pertenencia y compromiso.
Se trata del aspecto social de nuestra psique, el que nos define como humanos entre humanos. Decía Heidegger que «las personas somos islas unidas por puentes» y remarca la neurocientífica Nazareth Castellanos que «el puente es un lugar. No es ni tú ni yo, es la interacción de nosotros ahora mismo». Algo así como un baile, con sus pasos y convenciones, pero cuyo resultado es siempre original e imprevisible.
Es más que la síntesis Yo-Tú, es una nueva configuración o Gestalt como diríamos en nuestra jerga, una conciencia participada.
La terapia trata de sanear las deficiencias de este combinado de tres partes, intensificando la conciencia de sí, del otro y del grupo, según sea el déficit o desequilibrio en esta homeostasis interna. Pero en nuestra época creo que el área más descompensada es la del encuentro y la interrelación. Falta «nosotros» como decía la canción de Sabina:
«Y cada vez peor y cada vez más solos, y cada vez más tú y cada vez más yo, sin rastro de nosotros».
¿Cómo se construye o se desarrolla la conciencia del «nosotros»? ¿Cómo se cultiva el sentimiento de pertenencia? ¿Se trata de algo que debe aprenderse o de una disposición inscrita en la naturaleza humana? Son preguntas centrales que no admiten una única respuesta. Sin embargo, resulta evidente que la calidad de nuestros vínculos primarios condiciona, en mayor o menor medida, la predisposición a establecer un contacto sano y significativo con el mundo, es decir, la capacidad de abrirnos al cuidado, al apoyo mutuo y a la relación.
La originalidad del método gestáltico reside en que, para sanear los vínculos neuróticos, propone experimentarlos en su versión extrema y facilitar posteriormente un acercamiento de posiciones a través de la escucha respetuosa de las partes. A este proceso lo denominamos integración de polaridades.

Fritz Perls señalaba la importancia de combinar adecuadamente la mano izquierda y la mano derecha, lo que él llamaba simpatía y frustración o, en términos de Claudio Naranjo, apoyo y confrontación. Se trata de potenciar lo genuino y confrontar lo falso.
Aplicado a la cuestión del «nosotros», esto permite distinguir entre una forma construida a partir de introyectos y confluencia —como la exaltación acrítica de la patria, la idealización del territorio o de la tribu, o el fanatismo ideológico y religioso de la propia manada— y una forma de pertenencia que requiere ser cuestionada, frustrada o confrontada.
Frente a ello, puede pensarse una versión menos determinista del «nosotros», basada en la empatía y la compasión, cualidades que compartimos con otros mamíferos y que nos orientan de manera natural hacia el cuidado de los semejantes.
Desde esta perspectiva, el aporte gestáltico a la comprensión del «nosotros» consiste en despojarlo de absolutos, situarlo en el Aquí y Ahora —siempre puntual y cambiante— y atender a su autenticidad. Esto implica no negar los aspectos conflictivos o negativos inherentes a todo colectivo y, al mismo tiempo, conservar la capacidad de experimentar el gozo de la comunión. Se trata de un proceso de higiene relacional: en la medida en que lo tóxico es reconocido, explicitado y expresado, se amplía la posibilidad de interrelacionarnos de forma más saludable. Es el paso de la confluencia a la trascendencia, como he señalado en otros textos. Porque la experiencia del «nosotros» puede adquirir, en ciertos momentos, un carácter transpersonal: una forma de perderse en uno mismo para experimentar la pertenencia a algo que nos excede, nos contiene y nos transforma.
Psicólogo (Universidad Complutense de Madrid). Uno de los introductores de la Gestalt en España, cofundador y primer presidente de la Asociación Española de Terapia Gestalt (1981). Ha dirigido CIPARH durante 30 años (1976- 2006) y la Escuela Madrileña de Terapia Gestalt durante 25 (1991-2015). Discípulo y colaborador de Ignacio Martín Poyo y de Claudio Naranjo. Autor de Terapia Gestalt. La vía del vacío fértil, (Alianza,1998) y Círculo y Centro. El grupo gestáltico (La Llave, 2014), La Relación Hurtada. En Busca del Padre (Arzalia, 2017), Las cuatro caras del héroe (Arzalia, 1921) y El oficio de escuchar (La Llave, 2022).



