Nieves García Berenguer | Pedro Olmedo Ballester

Esta idea de locura no prejuzga, no discrimina ni segrega. En su lugar, alude a cualidades universales que laten en cada uno de nosotros, activándose frente al sufrimiento extremo: alucinar, delirar, olvidar, desvanecer, enturbiar, imaginar, repetir hasta la obsesión. Para algunos, estas cualidades son la única forma de habitar el mundo.

Los deudos, por ejemplo, pueden escuchar en casa la voz de un ser querido recién fallecido, o incluso ver su figura sentada en el sillón que ocupó durante años. Otros quizás olviden por completo una situación de humillación o peligro extremo, porque, ante un exceso de amenaza o frustración en la frontera de contacto entre la persona y el mundo, ciertas funciones se activan temporalmente para hacer soportable el dolor y proteger la vida psíquica. El alma, cuando sufre, busca sus propias estrategias para sobrevivir.

“ El diagnóstico de esclerosis lateral amiotrófica (ELA) es uno de esos momentos donde el peligro, acompañado de miedo, inquietud, incertidumbre e inseguridad, y la frustración, la impotencia, la incredulidad y el desconcierto invaden toda la esfera de la experiencia humana”

El padecimiento en la ELA se caracteriza por una intensidad extrema, acompañada de una duración indeterminada. La incertidumbre acecha constantemente, empañando la razón y activando el pánico. Ante el pánico, surgen respuestas inevitables: la huida —«no puede ser», «el diagnóstico es erróneo»—; la anestesia —«yo no quiero saber nada», «día a día», «iremos resolviendo los problemas conforme surjan»—; o el estupor y la parálisis física o mental —«si no pienso en ella, no existe», interrumpiendo actividades que, por un tiempo, aún podrían realizarse.

También se activan otros mecanismos. Los pensamientos delirantes: «Puedo seguir trabajando», «todavía puedo comer», «no necesito la silla de ruedas, porque yo puedo seguir», «solo es cuestión de voluntad». La imaginación viva: «cuando mejore, lo primero que haré será…». Los pensamientos obsesivos: «Si me esfuerzo una y otra vez, no dejaré de andar». Incluso el pensamiento paranoico: «Las farmacéuticas no quieren que nos curemos», «la sanidad no hace lo suficiente porque no les interesamos», «nos quieren dejar morir porque no somos útiles».

Finalmente, la mente crea una realidad paralela, un espacio donde seguimos andando, comiendo, respirando, trabajando, viajando.

Después de mucho reflexionar, he llegado a la conclusión de que, para afrontar un proceso como el de la ELA que sufro, he tenido que enloquecer un poco. Enloquecer lo justo para levantarme cada día con la ELA como compañera y, aun así, hacer que mi vida siga teniendo sentido y merezca la pena.



[4]    También se ha demostrado que la presencia de la ansiedad por separación en adultos influye en la severidad de los síntomas de pánico y las alteraciones en la calidad de vida (Pini et al., 2014).


[5]    Específicamente, se ha sugerido que la llamada de separación, destinada a mantener el contacto madre-descendencia, es la forma más antigua de comunicación de los mamíferos (Battaglia, 2015).


La aparición de un impulso emocional de angustia de Pánico/Malestar de separación, junto con Cuidado/ Nutrición y Juego, ha marcado la aparición de los mamíferos a partir de los reptiles similares a los mamíferos, y ha llevado a la evolución de las habilidades sociales y cognitivas complejas, así como a la aparición de estructuras cerebrales distintivamente mamíferas de la corteza cingulada y la llamada división tálamo-cingular (MacLean, 1985; Panksepp, 1998). Como señaló Battaglia, «el advenimiento de una mayor masa celular cerebral —como la asociada con la aparición del neopallium— permitió a los paleomamíferos alcanzar una mayor plasticidad cerebral y ampliar la gama de capacidades de aprendizaje, que a su vez son los ingredientes básicos de la variación individual en el comportamiento. Sin embargo, todas las formas de aprendizaje requieren tiempo para practicar, ya que la práctica implica errores, y la corrección y consolidación de las habilidades recién adquiridas. En un niño en crecimiento, esto genera dependencia del cuidado de los padres para garantizar la seguridad, la alimentación y la protección. Por lo tanto, se puede esperar que cuanto más amplia sea la variedad y la plasticidad del repertorio conductual en una especie, mayor será el tiempo necesario para aprender y practicar, y más prolongada será la dependencia del cuidado parental. […] La extensión progresiva de un período de dependencia del cuidado materno que puede atribuirse a un cerebro cada vez más complejo y, por lo tanto, inmaduro, al nacer, probablemente preparó el terreno para el desarrollo y mantenimiento del SA como un elemento de regulación recíproca del vínculo entre la madre y el bebé y un moderador entre los ciclos de exploración del entorno, el aprendizaje y el regreso seguro a la madre por parte del niño» (de Battaglia, 2015).

[6]    En los circuitos cerebrales del pánico, el análisis de pacientes neurológicos demostró que las personas con lesiones de la amígdala muestran una marcada ausencia de miedo durante la exposición a estímulos que provocan miedo y no condicionan los estímulos aversivos. Sin embargo, muestran reacciones de pánico comunes cuando se exponen experimentalmente a condiciones anóxicas, lo que sugiere que el sistema de miedo amigdalocéntrico no es necesario para desencadenar un ataque de pánico (Feinstein et al., 2013).

El trastorno de pánico es cada vez más frecuente

[7].- De hecho, los estudios experimentales también han demostrado que el ataque de pánico puede ser incitado de manera confiable en entornos de laboratorio por desafíos químicos específicos, utilizando infusión intravenosa de lactato e inhalación de dióxido de carbono (Liebowitz et al., 1984, Gorman et al., 1984, Papp, Klein, Gorman, 1993; Klein, 1993). Sin embargo, mientras que los controles normales o los pacientes con otros trastornos de ansiedad rara vez muestran tal reactividad (es decir, progresan a un ataque de pánico completo), las concentraciones más altas de CO2 inhalado son altamente aversivas y pueden producir sintomatología de pánico respiratorio de forma dependiente de la dosis (Griez et al., 2007; Esquivel et al., 2010; Leibold et al., 2013). Beck y col. (1999; 2000) mostraron que los pacientes de pánico responden con un aumento de los síntomas de pánico no solo a la inhalación de CO2, sino también a la hipoxia normocapnia. Esto hace posible integrar el trastorno de ansiedad por separación, la hipersensibilidad al CO2 y al lactato, y una variedad de fenómenos respiratorios y patología con el trastorno de pánico.

[8]    .- De hecho, la infusión de naloxona (que va desde 0.5 mg / kg iniciales hasta un máximo de 2 mg / kg) seguida de lactato (N + L), causó incrementos significativos en el volumen corriente similar a los observados durante los ataques de pánico clínicos e inducidos por lactato en 8 de 12 sujetos normales, lo que respalda la hipótesis de que la deficiencia opioidérgica podría ser necesaria para que el lactato produzca un marcado aumento en el volumen corriente en sujetos normales (Sinha, Goetz y Klein, 2007). Además, «los sujetos normales, generalmente relativamente insensibles a los efectos del volumen corriente de la infusión de lactato, […] que recibieron un tratamiento previo con antagonistas opioides, desarrollaron incrementos de volumen corriente y frecuencia respiratoria similares a los que ocurren en los ataques de pánico clínico espontáneo y en los pacientes de pánico que entran en pánico. durante las infusiones de lactato» (Preter et al., 2011).

[9]    .- El papel del opioide endógeno en el trastorno de pánico y la alarma de asfixia recibe una confirmación en estudios con animales (Moreira et al., 2013). Graeff (2012), al estudiar un modelo animal de trastorno de pánico, descubrió que la acción inhibitoria de la serotonina está relacionada con la activación de los opioides endógenos en el gris periacueductal (PAG). Schenberg y sus colegas (Schimitel et al., 2012) sugieren que «[el PAG] alberga un sistema de alarma de sofocación sensible a la anoxia».

Acordeón Profesional – Terapia Gestalt
Referencias bibliográficas
Bibliografía Perls, F. S., Hefferline, R. F., y Goodman, P. (2001). Terapia Gestalt: excitación y crecimiento de la personalidad humana. Sociedad de Cultura Valle-Inclán. Videografía Sistiaga, J. (Director). (2015). Tabú de Jon Sistiaga. Y al final, la muerte. Epílogo. Parte 2/3 (a partir minuto 10). Parte 3, primer minuto [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=CQn0bzGa3ZM