Hola, queremos darte la bienvenida a esta nueva edición de la revista de la Asociación Española de Terapia Gestalt sobre Intersubjetividad, la construcción de todo aquello que trasciende a lo nombramos como subjetivo y que de algún modo es el material fundamental con el que trabajamos en Terapia Gestalt.
Si estás leyendo este texto, inevitablemente ya estás formando parte de esta comunidad, ya que tu propia comprensión de estas palabras presupone de alguna forma que tú y yo formamos parte de una colectividad en torno al lenguaje. Las palabras como un nexo que nos une. Las palabras como un puente.
Hemos inventado una palabra para nombrarnos. El noso3. Una colectividad que incluya la diversidad del 3. Primera, segunda, tercera persona. Nuevos modos de nombrar lo plural.
Y desde ese noso3 queremos repensar la intersubjetividad, re-sentirla. Pensar el noso3 tiene que ver fundamentalmente con recordar que fuimos un noso3 desde antes de nacer. Que fuimos un cuerpo con dos almas, para ser un yo en dos cuerpos.
Pensar lo colectivo es de algún modo recibir el noso3 que necesitamos. Es acoger la propia herida permitiendo que a través de ella podamos abrirnos a la alteridad. La herida como el germen de lo comunitario. Lo colectivo es el hecho que nos permite comprendernos como parte de algo que va más allá de nuestras vidas y que somos pliegues de la Historia. Que somos momentos. De hecho, no podemos pensarnos como un yo, sin un noso3 previo.
Es nuestra condición de posibilidad. Nuestro yo deviene del noso3. Existe un espacio de tensión entre el lugar desde donde termino yo y empieza la otredad, que es en el que deviene el propio espacio terapéutico, donde nace el encuentro, donde viven la sanación y también la herida. Un espacio de frontera y de contacto.
Que son las dos caras de la misma experiencia. Más allá de las palabras, en el encuentro, se da la posibilidad de dejarnos afectar de una forma consciente, de aceptar la responsabilidad de saber que nuestra presencia llega y afecta también a la otra orilla. No hay mar sin orillas, ni orillas sin mar, estar sintiéndonos en la reciprocidad.
Más allá de las palabras, podemos elegir la posibilidad de compartir algunas de las infinitas sensaciones que se vuelven cuerpo, cuando se les da el tiempo, la pausa y el silencio para ser escuchadas. Imágenes que hablan de nosotras, de ti siendo mirada por mí, de mi siendo mirada por ti.
No encuentro otra forma de acercarme al concepto de lo intersubjetivo, si no es a través del movimiento que se genera en el entre, de cómo mis sentidos perciben las cualidades de esa atmósfera co-creada. En tu presencia, mi cuerpo emerge en imágenes, sensaciones y afectos. En tu ausencia, aún puedo sentir nuestra huella.
Nunca sabré cómo es tu sentir, pero sí podré acercarme a ti a través de aquello que se despliega en el nosotras. En nuestra presencia, las cualidades que se abren en el encuentro son el paisaje, nuestros cuerpos son el mapa y la brújula.
Y si me dejo tocar por tu presencia, ¿qué sucederá?, puede que sienta un abismo, me sienta sola ante ti, inalcanzable; puede que el aire se vuelva tan denso que me cueste respirar, que mis hombros se vengan abajo y mi pecho se encoja; puede que sienta furia, puede que desee gritarte, que fantasee con que no vuelvas; puede que tema que no vuelvas y me abandones, que sienta una calidez extrema, o que sienta que te querría salvar; puede ser que te sienta en mi piel, que el estómago se me haga un nudo, que desee que no vengas hoy, que la sesión se me haga corta…o eterna.
Ante tanta inmensidad sensorial, hay un botón de eject inmediato: adjudicar lo registrado en mi cuerpo a mi paciente, sacudirme el polvo y ponerle nombre. O podemos, también, aceptarnos como co-creadoras de ese campo, sentirnos invitadas a la intimidad de las posibles experiencias de la persona que tenemos delante, admirar la capacidad creadora de esa persona, asombrarnos ante la dignidad que nos une en este «hacer lo mejor que podemos en cada momento».
Si me doy el tiempo, si nos damos el tiempo y la escucha, si me permito sentirnos, podré percibir que rozo, de alguna forma, cómo puede ser la realidad de tu experiencia. Podré escoger cómo desvelarme ante ti, en qué medida, con qué palabras o imágenes. Sabré hacerte llegar que estoy aquí contigo, viéndote; que estoy aquí, sintiendo contigo. Seré capaz de compartir mi sentir y desplegar, rastrillar, contigo. Podemos, desde la intimidad y la confianza del vínculo, pasar de chapotear en la orilla a bucear en las profundidades de la experiencia que se abre, donde nuestra presencia es el sostén que permite ir dónde no se ha llegado antes, juntas.


