Breve glosario terapéutico-anticorporativista
Inés Martínez
Introducción
Es bastante conocido el pasaje del encuentro entre Alicia y Humpty Dumpty que figura en Alicia a través del espejo, de Lewis Carroll.1 En él, vemos a ese pedazo de huevo con patitas y brazos minúsculos que es Humpty Dumpty platicando con Alicia. Está sentado en lo alto de un muro, con ella a sus pies, y a base de impertinencias y de giros imposibles en la lógica, la lleva al desconcierto.
Cuando ella admite que no sabe qué quiere decir con la frase de «¡Te has cubierto de gloria!», el superhuevo le espeta: «Pues claro que no… y no lo sabrás hasta que te lo diga yo. Quiere decir que “ahí te he dado con un argumento que te ha dejado bien aplastada”». Vemos aquí las intenciones nada amistosas del huevo, que ante las objeciones de la niña añade: «Cuando yo uso una palabra quiere decir lo que yo quiero que diga, ni más ni menos».
Alicia insiste: «La cuestión es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes». Pero su interlocutor, si no es mucho decir, zanja el asunto: «La cuestión es saber quién es el que manda, eso es todo».
Está claro que aquí manda él, que para eso ha inventado el juego, y además Alicia se encuentra de lleno en un mundo completamente extraño. El juego funciona tan bien que la niña no ve que lo que hace Humpty Dumpty es, precisamente, controlar la conversación negando que las palabras puedan tener más de un significado.
La cosa sigue un rato. El huevo, que tiene ganas de lucirse, diserta sobre el carácter de las palabras, que divide entre las que se dejan hacer cualquier cosa, como los adjetivos, y las que tienen su genio, como los verbos, que se jacta de saber dominar. «¡Impenetrabilidad!», suelta sin que venga a cuento. Alicia recibe otra definición arbitraria, además de bastante larga, cosa que la deja admirada. Entonces, Humpty Dumpty aprovecha para decirle muy ufano: «Cuando hago que una palabra trabaje tanto como esa, siempre le doy una paga extraordinaria. […] ¡Ah, deberías verlas cuando vienen a mi alrededor los sábados por la noche! A por su paga, ya sabes». Tenemos aquí al «huevo de arriba» en todo su esplendor, con Alicia haciendo el contrapunto perfecto a los pies del muro.
Y ahora viene este pequeño glosario, con el ánimo de desmentir que las palabras —en particular, ciertas palabras y sus significados— sean propiedad exclusiva de nadie, ya que las construimos colectivamente mediante la práctica del lenguaje, a lo largo del tiempo.
Nota: las cursivas corresponden a definiciones textuales del diccionario de la RAE. No incluyo todas las acepciones que la RAE atribuye a cada una de las entradas que he seleccionado.

Si tenemos en cuenta que
terapeuta es la persona que se dedica a la terapéutica
y terapéutica, el conjunto de prácticas y conocimientos encaminados al tratamiento de dolencias,
(siendo tratamiento, el modo de trabajar ciertas materias para su transformación, como también
el conjunto de medios que se emplean para curar o aliviar una enfermedad, la cual es una pasión dañosa o alteración en lo moral o espiritual).
Y si consideramos que
terapia es el tratamiento de una enfermedad o de cualquier otra disfunción, así como el tratamiento
destinado a solucionar problemas psicológicos,
es decir, pertenecientes o relativos a la psique,
es decir, al alma.
Igualmente, si tenemos en cuenta
que terapia es perteneciente o relativo a la psicología,
y psicología, aquella parte de la filosofía que trata del alma, sus facultades y operaciones, y también,
la manera de sentir el individuo o una colectividad,
así como
la ciencia o estudio de la mente y de la conducta en personas o animales, (siendo ciencia, saber o erudición,
y también habilidad, maestría, conjunto de conocimientos en cualquier cosa).
Habida cuenta de todo esto,
y dado que paciente es aquel que tiene paciencia, así como
la persona que padece física y corporalmente, especialmente quien se halla bajo atención médica
(de donde se deduce que no únicamente quien se halla bajo dicha atención).
Entonces podemos decir que
terapia es aquella práctica destinada a quienes acuden al terapeuta
para, ayudándose de su habilidad y de su saber, tratar pacientemente sus dolencias de tipo psicológico o anímico,
así como sus pasiones dañosas,
con el objetivo de transformar su materia humana y de curar o aliviar sus dolencias,
incluidos sus padecimientos corporales.
Pues, como sabemos muchos terapeutas (gestálticos, no gestálticos e incluso antigestálticos), las mencionadas dolencias y pasiones
afectan a la persona o materia humana en su totalidad.

- Alianza Editorial, Madrid, 1989. Me he permitido la licencia de usar el nombre original del huevo (Humpty Dumpty), que me gusta mucho más que el que figura en esta edición (Zanco Panco).


